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El grupo de Pastrana vuelve a completar otro pase soberbio, aunque quizás, a mi parecer, podría dar más de sí. Me quedo con los dos tanguillos, con los colores usados para explicar muchos momentos de la vida cotidiana y haciendo un símil entre la profecía maya y el desahucio. Lo peor del repertorio, el popurrí, elemento que, si lo comparamos con 2012, se queda muy atrás.
Valoración: 7/10 |